La intervención es la misma; el punto de partida, no. En la consulta para hombres hay tres cosas que se repiten:
La grasa está más adherida. El tejido graso subcutáneo masculino está atravesado por tabiques de tejido conjuntivo más fuertes, por lo que se desprende con más dificultad que el de la mujer: solemos necesitar algo más de solución tumescente y, por lo general, más tiempo.
No toda barriga se puede aspirar. La típica barriga masculina, firme y abultada, muchas veces no está formada por grasa subcutánea, sino por grasa visceral situada entre los órganos. A esa no llega ninguna cánula, y sería poco honesto ocultarlo. Regla general: lo que puede pellizcar con los dedos se puede aspirar; lo que está firme y no se deja levantar, no.
Flancos en lugar de caderas. Las zonas más tratadas son los flancos, la parte baja del abdomen y el pecho, no las cartucheras, que son las que predominan en las mujeres.
El objetivo también es distinto: en el hombre no se busca tanto una silueta más suave como un contorno visible, que la musculatura abdominal que ya está ahí vuelva a marcarse.