El aumento de pecho con implantes conlleva riesgos a corto y a largo plazo. Solo tras el examen, la consulta y una valoración conjunta puede determinarse si, en su caso concreto, el beneficio esperado compensa esos riesgos.
Los riesgos quirúrgicos generales, como hemorragia posoperatoria, infección, trombosis y embolia, existen en toda intervención. Los reducimos activamente: con una hemostasia meticulosa, una dosis única de antibiótico durante la operación (profilaxis antibiótica de dosis única), tiempos quirúrgicos lo más breves posible, movilización temprana el mismo día de la operación y una inyección antitrombótica durante el breve ingreso hospitalario. Aun así, no pueden reducirse a cero.
Los riesgos específicos del implante incluyen, entre otros, contractura capsular, cambios de posición o de forma, dolor, alteraciones de la sensibilidad, formación de pliegues, seroma, rotura del implante y nuevas operaciones. Los implantes de gel de silicona pueden romperse sin que se note; según el implante, los síntomas y el riesgo individual, puede recomendarse una ecografía o una resonancia magnética de control. Los implantes mamarios no son productos sanitarios de por vida y es posible que, con el tiempo, deban retirarse o sustituirse.
El infrecuente BIA-ALCL está asociado a los implantes mamarios y, según los conocimientos actuales, es más frecuente con las superficies texturizadas que con las lisas. Además, en raras ocasiones se han notificado carcinomas epidermoides y otros linfomas en la cápsula del implante. Una hinchazón unilateral tardía, la acumulación de líquido, un bulto, un cambio de forma o un dolor persistente deben valorarse cuanto antes.
También se han estudiado fenómenos autoinmunes como el síndrome de Sjögren, la fatiga crónica o la artritis reumatoide en relación con los implantes mamarios (síndrome ASIA, «Breast Implant Illness»). Hasta ahora no hay pruebas suficientes de una relación clara, y hace falta más investigación. Abordamos estos temas con franqueza en la consulta.