La técnica es la misma que en una mujer; lo que cambia es hasta dónde se llega. Tres diferencias determinan la planificación:
La ceja está más baja. En los hombres, la ceja suele situarse sobre el borde óseo de la órbita o justo por debajo, mientras que en las mujeres queda por encima. Si se retira demasiada piel del párpado superior, la ceja se desplaza hacia arriba y el rostro adquiere de inmediato un aspecto más femenino. Por eso, en los hombres planificamos de forma deliberadamente más conservadora y preferimos dejar un milímetro de más.
La piel es más gruesa y tiene más riego sanguíneo. La piel masculina tiene una dermis más resistente y más vasos sanguíneos. En la práctica esto significa algo más de sangrado durante la intervención y algo más de hinchazón en los primeros días; a cambio, las cicatrices suelen quedar más discretas, porque la piel más gruesa cicatriza mejor.
El crecimiento de la barba junto al párpado inferior. En la blefaroplastia inferior procuramos que la incisión no entre en la línea de la barba. De lo contrario, crecería vello donde no debería.
Y la motivación también es distinta: los hombres rara vez vienen con el deseo de verse más jóvenes. Casi siempre se trata de que en el trabajo dejen de decirles continuamente que se les ve cansados.