El ácido hialurónico es una molécula de azúcar que se encuentra de forma natural en la piel humana. Con el paso de los años, su presencia en la piel va disminuyendo. La inyección corrige el déficit de volumen en la zona tratada; además, el ácido hialurónico retiene agua, lo que estimula distintos procesos biológicos. Gracias al producto y a la propia inyección, el cuerpo genera de nuevo colágeno, la proteína de sostén, lo que favorece el efecto rejuvenecedor deseado en la piel. El mecanismo de acción exacto aún no está del todo aclarado desde el punto de vista científico.
¿Por qué hay distintos tipos? Los productos se diferencian sobre todo por su grado de reticulación: cuanto más reticulado está un ácido hialurónico, más firme es su consistencia. Por eso, las arrugas finas se tratan con productos menos reticulados, mientras que, si hay pérdida de volumen, se emplea ácido hialurónico más reticulado, con el que se puede reponer, por ejemplo, el tejido perdido en las mejillas. Desde hace un tiempo existen también ácidos hialurónicos totalmente no reticulados, que se distribuyen por la piel tras la aplicación y permiten rejuvenecer amplias zonas del rostro.
¿Cómo se aplica? Todos nuestros ácidos hialurónicos llevan incorporado un anestésico local, de modo que el propio producto ya alivia las molestias. Según la zona, nuestros médicos utilizan agujas afiladas o cánulas romas; en la consulta le explicamos con detalle qué técnica vamos a emplear en su caso.
¿Cuánto dura el efecto? Por lo general, los ácidos hialurónicos y los rellenos actúan entre tres meses y un año. Influyen el tipo de producto, la zona tratada y las circunstancias personales de cada uno. En arrugas profundas, sobre todo, suelen ser necesarias varias sesiones.